Y todavía me preguntan por qué no confío en mi patria, por qué no me gusta casi volver y por qué critico la falta de voluntad y compromiso de muchos colombianos
Por Omaira Martínez Cardona – Periodista Colombiana
Y todavía me preguntan por qué no confío en mi patria, por qué no me gusta casi volver y por qué critico la falta de voluntad y compromiso de muchos colombianos que creen que defender su país desde la distancia es sólo portar una camiseta, cantar llorando el himno, bailar cumbia o comer su variada y exquisita gastronomía.
Al momento de escribir este artículo, ya el dolor de patria se desbordó y es el alma acongojada la que ya no nos permite ni el más mínimo aliento de esperanza para hablar con orgullo de la patria.
¿Cuál patria pregunto?
Yo que siempre he defendido la opinión de que es mejor conocer y revelar nuestra historia para no repetirla, jamás imaginé que sobreviviría para ver y volver a informar sobre el interminable conflicto interno y social que vive mi país.
Hace 34 años tuve la desafortunada experiencia de informar sobre la muerte de una de las colegas más apreciadas del país que había sido víctima de la violencia política que en el momento ejercía el cartel del narcotráfico contra quienes denunciaban sin temor sus crímenes.
Por todos los medios se divulgó la imagen de los hijos de Diana Turbay Quintero, uno de ellos con menos de 6 años que en su mirada aún no comprendía porque su madre había sido asesinada.
Jamás imaginamos que la historia se repetiría en ese niño a quien años después conocimos personalmente como un joven líder político que defendía los principios constitucionales y democráticos del país, uno que sí hacía patria.
Miguel Uribe Turbay habría sido presidente de Colombia sí no hubieran apagado para siempre su voz y su existencia en un nuevo magnicidio que refrescó la memoria de muchos, que, por años, han soportado sin inmutarse, la violencia y la crisis social que vive el país.
Cuántos líderes más tendrán que sacrificarse para que los colombianos reaccionen y se hagan cargo de la responsabilidad que como ciudadanos tienen de hacer respetar la vida y de ejercer la ciudadanía con solidaridad, respeto a la diferencia y justicia para el progreso del país.
Como siempre cuando ocurren estas lamentables situaciones, todos convocan a desarmarse, a moderar los discursos y el lenguaje. Todos claman por paz, por debates políticos pacíficos, diálogos nacionales, unión.
Muchas palabras y promesas que por décadas han anquilosado al país y a los colombianos que ya se acostumbraron a vivir así, con resignación, esperando el destino que les llegue y desaprovechando la oportunidad que tienen de transformar y evolucionar hacia un mejor país.
Es por lo que nunca pasa nada, todos piden justicia, pero casi nadie la cumple o la ejerce. Todos reclaman, critican, prometen, pero por debajo, bajo perfil, sin que los escuchen, porque el temor ejercido por el poder silencia y apaga cualquier buena intención o esperanza.
No hay democracia si no hay libertad para ejercer la ciudadanía con respeto a la diferencia, y a la vida.
Mejor seguridad para un país más libre, pacífico y justo era uno de los anhelos de Miguel Uribe Turbay que hoy pasó a ser uno más de los 97 líderes sociales que según el Instituto de estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, han sido asesinados este año en Colombia.
Los colombianos tendrán una nueva oportunidad en las próximas elecciones para ejercer su ciudadanía y elegir un verdadero cambio hacia un gobierno y un país que no sea cómplice de la violencia, la impunidad, la corrupción y la desfachatez.
Esperamos que ningún niño colombiano tenga que repetir la historia que hoy estamos repitiendo, y que desde el cielo, Miguel Uribe guíe los pasos de su pequeño hijo Alejandro y de su familia, que su legado perdure por siempre.
oma66co@gmail.com







