“Que nadie sabe lo de nadie y que detrás de cada situación hay una historia y un proceso”, es algo que aprendemos con los años y las experiencias. Ahora que vivimos tiempos de caos, crisis, individualismo y mucha división, se habla de la inteligencia emocional como una opción para afrontar las diversas situaciones cotidianas.
Aunque es un concepto moderno que parece sencillo, no es fácil aplicarlo en el mundo actual tan complejo, en el que a diario se generan situaciones detonantes que desestabilizan emocionalmente a los más vulnerables y a quienes no tienen la capacidad para controlar y gestionar sus emociones de manera efectiva.
No es que la gente cada vez más esté perdiendo la cordura como a veces muchos juzgan.

Los desequilibrios emocionales son una consecuencia de los conflictos sociales y la influencia del entorno cultural y social en el que se sobrevive. Los últimos reportes de la Organización Mundial de la Salud sobre salud mental a nivel mundial evidencian que, los niños, adolescentes y adultos mayores son las poblaciones más vulnerables para padecer trastornos mentales.
Aunque ha aumentado la consciencia sobre la importancia de la salud mental, el panorama sigue siendo alarmante con el aumento de trastornos como la ansiedad, depresión, el suicidio, y enfermedades relacionadas con el abuso de sustancias y desórdenes alimenticios.
Siempre hemos escuchado que la mente y el corazón son los órganos más impredecibles y complejos emocionalmente porque no se pueden controlar y no sabemos cómo van a reaccionar ante una situación detonante. Es por lo que se debe trabajar más en lo que los expertos han llamado Inteligencia Emocional que no es nada distinto a la capacidad de manejar las emociones propias y las de los demás de manera efectiva, sin caer en provocaciones y reacciones violentas que conlleven a una pérdida de la cordura y a cometer actos sobre los que no se tiene consciencia.

El autocontrol, la relajación, fortalecer las habilidades de comunicación y relación, y no aislarse, son algunas de las recomendaciones para lograr un equilibrio emocional y prevenir que, ante una situación traumática, trágica o difícil, las emociones colapsen y se desestabilicen los actos y los pensamientos.
Activar más la capacidad de escuchar, de reconocer las señales de alerta en los demás, de informarse y gestionar adecuadamente las ayudas y los tratamientos disponibles, no sólo puede salvar la propia vida, sino también la de otros que pueden colapsar ante situaciones que los confrontan y los dejan sin salida.
Por Omaira Martínez Cardona – Periodista Colombiana






