En estos tiempos en los que por más que lo evitemos, debemos cumplir con nuestra función de informar sobre conflictos, tensiones, crisis y violencia, recuerdo con nostalgia las clases de historia y geografía que desde mi educación primaria me enseñaron a comprender mejor el mundo y entender por qué pasan estos conflictos.
Por Omaira Martínez Cardona – Periodista Colombiana

Los conflictos son inherentes a la evolución de la humanidad y el orden mundial. Siempre habrá desacuerdos mientras exista diversidad cultural e ideológica. Entenderlo, asimilarlo y adaptarnos a esta realidad es un proceso complejo que requiere conocer el contexto que nos rodea, desde su conformación geográfica, su historia y sus aspectos culturales.
Conocer los antecedentes, y las causas que generaron los problemas y las circunstancias que hoy vivimos, facilitará que desarrollemos las capacidades para enfrentar estos conflictos y sobrevivir a ellos. Una frase popular dice que hay que conocer la historia, para no repetirla. Es por lo que en muchos de los modelos educativos deberían sobrevivir en los currículos académicos las asignaturas de historia y geografía mundial.
Contradictoriamente, mientras más rápido se puede acceder a la información desde cualquier lugar del mundo y casi que viajar a donde sea mediante la tecnología, menos conocimiento hay de la cultura, el territorio y la historia mundial. Las nuevas generaciones están creciendo en contexto digital globalizado en el que no se evidencian los límites geográficos y culturales.
Muchos no saben ni se interesan en conocer sobre la conformación territorial del país o la ciudad donde viven. Literalmente hay quienes viven toda su vida sin salir de la misma calle donde nacieron y no porque no tengan la posibilidad, sino para evadir la realidad, o por miedo a la diferencia, a los otros, a salir de sus zonas de conformismo y confort. Sólo por las clases de historia y geografía nos enteramos por ejemplo de que el estado de Florida tiene 67 condados, ¿cuántos conocemos? También pocos tienen claro que la capital no es Miami, ni Disney, y que el centro de las decisiones está en Tallahassee.
Es urgente retomar la necesidad de fortalecer el conocimiento territorial y la conformación geográfica de donde nacimos, la región en la que vivimos y los territorios que nos rodean. Es a partir de las características naturales de cada territorio como el clima y sus recursos, que se conformaron después las poblaciones, las comunidades y las naciones.
Todos venimos de esos primeros territorios que se conglomeraron en civilizaciones y que hoy ya son los continentes con grupos demográficos agrupados por afinidades de lenguaje, fisionomía o intereses económicos o ideológicos. Comenzar a entendernos desde las diferencias y los intereses comunes, es una de las mejores opciones para enfrentar las confrontaciones y llegar a acuerdos.
Reconocer el valor de ciencias como la geopolítica y la diplomacia y de quienes las ejercen es una manera de asumir la responsabilidad que como ciudadanos de un mundo globalizado se tiene frente a los conflictos y las relaciones internacionales que nos afectan a todos.
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