Dolores Huerta, figura histórica del movimiento por los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos, murió a los 96 años, y deja un legado de lucha sindical, defensa de los trabajadores agrícolas y búsqueda de igualdad.
“Estamos profundamente entristecidos por anunciar que nuestra querida madre, Dolores Huerta, falleció hoy a los 96 años. Como podrán imaginar, este es un momento muy difícil para nuestra familia, por lo que pedimos privacidad mientras atravesamos este duelo por una pérdida tan profunda. Sabemos que muchas personas en todo el mundo comparten nuestro dolor. En los próximos días, daremos a conocer los planes para honrar y celebrar su extraordinaria vida y el legado que deja”, escribió la familia de Dolores Huerta en Facebook.

Una vida de lucha por los derechos de los latinos
Nacida el 10 de abril de 1930 en Dawson, Nuevo México, Huerta dedicó más de seis décadas a impulsar cambios en un país donde miles de trabajadores del campo, muchos de ellos inmigrantes, enfrentaban salarios bajos, jornadas extenuantes y condiciones laborales precarias.
Su nombre quedó ligado para siempre al de United Farm Workers (UFW), el sindicato que ayudó a fundar junto con César Chávez en 1962. La organización, surgida de la unión de movimientos de trabajadores agrícolas, se convirtió en una de las principales voces de quienes cosechaban frutas y verduras en Estados Unidos.
Huerta entendió que la transformación no llegaría sin presión colectiva. Participó en campañas, huelgas y boicots que llevaron las condiciones de los jornaleros al debate nacional y contribuyeron a exigir mejores salarios, prestaciones y medidas de seguridad en el trabajo.
El poder de decir “Sí, se puede”
Uno de sus mayores aportes fue una frase que trascendió las fronteras del movimiento sindical: “Sí, se puede”.
Huerta popularizó esta consigna en 1972, durante una campaña en Arizona por los derechos de los trabajadores agrícolas. Lo que comenzó como una expresión de resistencia terminó convertido en un símbolo de esperanza y movilización para distintas generaciones.
El lema también inspiró el mensaje de la campaña presidencial de Barack Obama en 2008, cuyo “Yes, we can” retomó esa idea de que la acción colectiva puede cambiar la realidad.
Su activismo no se limitó a las condiciones laborales. También defendió los derechos de las mujeres, promovió la participación política de las latinas y cuestionó las barreras que impedían a las comunidades marginadas tener una voz propia.
En 2012 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, otorgada por el entonces presidente Obama, en reconocimiento a su trayectoria y contribución a la sociedad estadounidense.
Un legado que va más allá de los sindicatos
La historia de Huerta también estuvo marcada por momentos dolorosos. En marzo de este año hizo públicas denuncias de abuso sexual contra César Chávez, su antiguo compañero de lucha, y explicó que había guardado silencio durante décadas por temor a perjudicar el movimiento de los trabajadores agrícolas.
Su testimonio abrió un debate sobre el poder, el silencio y el lugar de las mujeres dentro de las organizaciones sociales.
Su legado, como tantas veces lo mencionó, no pertenece únicamente a un sindicato ni a una generación, está presente en las luchas laborales, en la participación política de las mujeres latinas y en una consigna que sigue convocando a quienes buscan transformar su realidad: “¡Sí, se puede!”.






