Un nuevo estudio realizado en 889 pacientes con cáncer revela que realizar actividad física de intensidad moderada durante tres años mejora significativamente los resultados tras el tratamiento oncológico.
Hacer ejercicio regularmente en los tres años posteriores a recibir tratamiento para uno de los tipos de cáncer más comunes podría elevar de manera drástica las tasas de supervivencia, según ha revelado un reciente estudio internacional.
Durante la investigación, un total de 889 pacientes con cáncer de colon que ya se habían sometido a cirugía y quimioterapia fueron divididos en dos grupos.
El primero se inscribió en un programa de ejercicio estructurado y grupal durante tres años. El segundo grupo, por su parte, recibió únicamente material educativo sobre salud.
Guiado por entrenadores, el grupo de ejercicio tuvo la libertad de elegir su propio tipo de actividad de intensidad moderada (como caminar o jugar pickleball). El objetivo principal era que cada paciente sumara 2 horas y media de actividad física a la semana.
Resultados contundentes a largo plazo
Tras un seguimiento de ocho años, los participantes del grupo de ejercicio mostraron un 28% menos de probabilidades de sufrir una recaída del cáncer de colon o de desarrollar nuevos tumores. Además, registraron una tasa de supervivencia general un 37% mayor.
«Nuestros hallazgos demuestran que el ejercicio ya no es simplemente una intervención para mejorar la calidad de vida de los pacientes, que se ofrece solo cuando es posible», afirmó el Dr. Kerry Courneya, copresidente del estudio, profesor de kinesiología en la Universidad de Alberta y catedrático de Actividad Física y Cáncer en Canadá. «Es un tratamiento real para el cáncer de colon que debe estar al alcance de todos los pacientes».
El impacto de contar con una rutina guiada
Terri Swain-Collins, diagnosticada con cáncer de colon en etapa 3 en 2021, fue una de las pacientes que participó en el ensayo clínico dentro del grupo de ejercicio. Trabajó en estrecha colaboración con un fisioterapeuta para crear un régimen adaptado a sus necesidades.
«Uno de los mayores beneficios fue tener una rutina semiestructurada que se adaptaba a mi estilo de vida, además de tener a alguien ante quien rendir cuentas», explicó Swain-Collins.
«El simple hecho de que un médico te diga que debes hacer ejercicio no habría sido suficiente para llevarme a donde estoy hoy; tener a alguien a mi lado guiándome y revisando mi progreso fue lo que lo hizo posible». Tres años después, Terri continúa caminando regularmente y se encuentra libre de la enfermedad.
Un cambio en los sistemas de salud
Los investigadores destacaron que este es el primer estudio que examina de forma directa el impacto de un plan de ejercicio estructurado en la supervivencia al cáncer.
«El siguiente paso es llevar esto a la práctica clínica», subrayó el Dr. Chris Booth, oncólogo médico en el Kingston Health Sciences Centre y profesor de la Universidad de Queen’s.
«Esto significa que los sistemas de salud tendrán que invertir en programas de apoyo conductual como parte de la atención estándar». Booth añadió que implementar el ejercicio como herramienta contra el cáncer podría ser «notablemente rentable en comparación con muchos fármacos oncológicos nuevos».
Como apunte adicional, la investigación reflejó que los pacientes que hacían ejercicio eran ligeramente más propensos a desarrollar distensiones musculares o lesiones menores (18,5%) frente a los que no se ejercitaban (11,5%).
Los hallazgos de este estudio, financiado por la Sociedad Canadiense del Cáncer, fueron publicados en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine y presentados en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO) en Chicago.






